Desconsuelo Quinto

Las intenciones del día de hoy se aplicarán por los enfermos y fallecidos por el coronavirus, así como por el eterno descanso de Antonio López Abad y Ana Cristina León Bohórquez

Corona de los Siete Dolores

La crucifixión y la agonía de Jesús.

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos del mismo, no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén

Acto de Contrición

Dios de toda consolación y paciencia, que después de haberme criado y estampado en mi la hermosura de tu imagen, viéndola borrada por mis infinitas culpas, me mandaste a tu Hijo Eterno, para que hecho hombre, por medio de un cúmulo de tormentos, me redimiese.
Vos, Señor, que no quieres que me pierda, sino que con toda paciencia me estás aguardando, a que yo emprenda el camino de la penitencia, aquí estoy ya postrado en vuestra Soberana presencia, arrepentido de todos mis pecados, repitiendo mil veces, que me pesa en el alma de haberte ofendido, proponiendo la enmienda de mi vida y esperando en vuestra infinita misericordia, por los méritos infinitos de la Pasión de mi Señor Jesucristo y los Desconsuelos de su Santísima Madre, la gracia de ser perdonado, Amén.

Doloroso Septenario

En Honor de la mujer más amante de Jesús, de la madre más afligida, María Santísima, Madre de Dios y Madre de Pecadores, ante su soberana y hermosa imagen del

DESCONSUELO

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén

Acto de Contrición

Dios de toda consolación y paciencia, que después de haberme criado y estampado en mi la hermosura de tu imagen, viéndola borrada por mis infinitas culpas, me mandaste a tu Hijo Eterno, para que hecho hombre, por medio de un cúmulo de tormentos, me redimiese.

Vos, Señor, que no quieres que me pierda, sino que con toda paciencia me estás aguardando, a que yo emprenda el camino de la penitencia, aquí estoy ya postrado en vuestra Soberana presencia, arrepentido de todos mis pecados, repitiendo mil veces, que me pesa en el alma de haberte ofendido, proponiendo la enmienda de mi vida y esperando en vuestra infinita misericordia, por los méritos infinitos de la Pasión de mi Señor Jesucristo y los Desconsuelos de su Santísima Madre, la gracia de ser perdonado,

Amén

Consideración

Considera alma mía a la Santísima Virgen, como estando mirando, aunque su corazón lleno de pena, a su amantísimo Hijo sentado sobre aquel peñasco, todo rodeado de penas y dolores, le llaman de repente la atención el ruido, los golpes y algazaras que traían los verdugos, para taladrar la cruz, donde habían de crucificar a Jesús ¡Como estaría esta bendita Madre viendo aquella cama cruel, que le preparaban a su hijo! Viendo aquellos taladros en donde le habían de fijar con duros clavos aquellas manos benditas, que habían hecho tantos milagros; aquellos sagrados pies, que habían dado tantos pasos por redimir y salvar a todas las criaturas. Ciertamente que auqel patíbulo, que aún lo cubría la infamia y la ignominia, causaría en el espíritu afligido de María, el Desconsuelo más acerbo, el dolor más terrible. Acompañemos en este sentimiento a esta Dulcísima Señora, rezándole en reverencia de este, su Desconsuelo, siete Ave Marías.

  1. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén
  2. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.
  3. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén
  4. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén
  5. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén
  6. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén
  7. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
    Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén

Oración

Bendita seas, Virgen purísima, Madre de mi corazón, yo te alabo y te bendigo por tanto dolor, y Desconsuelo como padecisteis al ver preparar la Cruz en donde con indecibles tormentos había de morir y perder su vida el más hermoso entre los hijos de los hombres, tu dulcísimo Hijo Jesús. Por este Desconsuelo, Señora, te pido me alcances de este Señor, la gracia de que yo me abrace con la Cruz de la penitencia y mortificación cristiana, para que así caminando por el desierto de esta vida con unos pasos arreglados a la Santa Ley de mi Dios, logre santificarme en esta vida mortal y después el don santo de la perseverancia, para verte en la eternidad de la Gloria, Amén.

Maravillas obradas a la invocación de la Virgen Santísima del Desconsuelo

En el mes de abril del año 1714, estando recién parida Juan Clavería, le asaltaron unas calenturas tan perniciosas, que llegó a lo último de su vida tocada ya de pulmonía, pero viéndola su familia en tal estado, vinieron a la Capilla de María Santísima del Desconsuelo, tocaron una cinta en la imagen de esta Señora, la que poniéndosele a la enferma moribunda, desde aquel momento se sintió libre del riesgo en que se hallaba, hasta ponerse perfectamente buena y sana.

Lecturas del día 19 de marzo de 2020 (pinche aquí)
Primera lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (7,4-5a.12-14a.16)
Salmo
Salmo 88
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,13.16-18)
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a)

Comentario del Evangelio

“En la solemnidad del glorioso patriarca, y viendo su vida según los santos Evangelios nos cabe una pregunta ¿Cómo nos quiere salvar Dios? ¿por qué caminos tan dispares puede conducirnos? La misión de san José recordemos nace en un contexto de escándalo. Y en el Evangelio que se proclama nos muestra a José como un hombre justo con muchas dudas pero que busca confiado. Y es que la duda forma parte de la fe. Podríamos decir que no existiría la fe si la duda no nos lanzara a dar un paso confiado con la venda en los ojos. La duda es el motor de la fe que sigue buscando. Todos tenemos dudas, san José también las tuvo, pero aceptó confiadamente la situación que le sobrevino. Podemos decir que José aceptó por la fe el encargo de Dios porque antes creyó en las palabras de María que la amaba.
San José sigue siendo un ejemplo de antes las adversidades no podemos “escurrir el bulto” (esto no va conmigo). Implicarse y tomar partido en cada momento de nuestra existencia es una responsabilidad de la que luego se nos pedirán cuentas.
Pidamos por intercesión de san José en este septenario que sepamos vivir con el gozo de tener siempre en nuestros hogares a María a la que amamos, y a su hijo, aquel que nos cuida y que también nos toca obedecerle con una fe vida en medio del mar de dudas. Así sea.”
P. Miguel Ángel Aguado Mesa, O. de M.

Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío,
que estás real
y verdaderamente en el cielo
y en el Santísimo Sacramento del Altar.
Os amo sobre todas las cosas
y deseo vivamente recibirte
dentro de mi alma,
pero no pudiendo hacerlo
ahora sacramentalmente,
venid al menos
espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido,
os abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Leave a Reply