Hoy, una vez más, hemos visto con tristeza cómo se utilizan los sentimientos religiosos para lograr notoriedad en aras del “arte”. El verdadero arte eleva al ser humano por encima de otros seres de la creación. El verdadero arte crea, no destruye. El verdadero arte eleva, no denigra. El verdadero arte convence, no ofende.

Cada vez con más profusión muchos que se llaman a sí mismo artistas, incapaces de crear, ávidos de notoriedad, escapan a su mediocridad creando polémica, hiriendo sentimientos, violentando valores que ni ellos mismos son capaces de comprender.

Esas “obras de arte” les permiten estar por un tiempo en las portadas de los periódicos, en las pantallas de televisión, en las redes sociales. Se sienten henchidos y satisfechos por su gran poder mediático. Creen haber creado una gran obra que muchos “ignorantes, intolerantes e incultos” no saben interpretar.

No importa a quién ofendan porque todas las creencias son dignas de respetar. Lo que realmente importa es que sus acciones encuentren eco, comprensión o disculpa entre buena parte de la sociedad.

No me sorprende que así sea porque estamos desvalorizando nuestro mundo. No me causa sorpresa porque guardamos silencio por temor a ser considerados retrógrados. No me extraña lo más mínimo porque miramos para otra parte cuando se falta al respeto de tantas personas, aunque no opinen como nosotros y tengan distintas creencias.

A ese “artista” que nos ha soliviantado hoy mismo parodiando a la Virgen y a Jesucristo, le digo con contundencia pero también con caridad cristiana; Hoy, con tu parodia de Cristo y de la Virgen María, has conseguido la efímera notoriedad del mediocre. Cuando se apaguen las luces de tu “éxito”, no quedará nada de tu obra, amigo mío; sólo quedará la infamia de haber ofendido a muchas personas de bien.

Y a todas las personas de bien, creyentes o no, sólo les pido que no aplaudan, ni disculpen, ni amparen estas faltas de respeto hacia los más íntimos y puros sentimientos del ser humano. Quizá no podamos evitar que surjan nuevas ofensas pero, al menos, tendremos una sociedad que sabe respetar a los demás.

– Francisco José Zurita Martín.