Tribuna Libre || “A los costaleros voluntarios” por Francisco Zurita Martín

Dicen de los costaleros que no saben por qué cargan,  que muchos  de ellos  no entienden lo que llevan sobre sus hombros. Cuentan de esos muchachos que  no quieren entrar en misa, que no les importa la hermandad, ni los cultos ni nada que no sea meterse debajo de un paso o escuchar los sones de una banda.
Dicen, dicen…  y más de una vez pensamos que estamos equivocando el camino, la forma de llevar a esos hermanos que parecen ir por libre  al margen de una Iglesia que decimos y creemos defender.
Pero, como tantos ejemplos  que estamos viendo en  esta pandemia, Dios escoge bien a sus peones y cuenta con los mejores cuando quiere hacer verdaderas proezas con su brazo.
Y,  ¿Quién lo iba a decir?,  son esos hermanos,  que tanto criticamos en silencio, los que están dándonos una lección de solidaridad y  de verdadero cristianismo con su entrega y generosidad a los demás.
Son ellos, los mismos que se meten bajo las trabajaderas, sabe Dios porqué, los que ahora están recogiendo alimentos, llevándolos a los más necesitados, acompañando a ancianos, haciéndoles recados, comprometiéndose en la fabricación de mascarillas y…. rezando en silencio y absortos ante  ese Señor y a esa Virgen que ahora les piden que sean sus cireneos.
Ayer vi a un grupo de esos muchachos que habían esperado la ocasión para mirar ansiosos a sus titulares y preguntarles cara a cara cuáles son las próximas instrucciones que deben cumplir. Con qué paso deben caminar por la vida. Con qué música han de ayudar a los demás. En qué vara han de meter el hombro para aliviar el peso de la cruz a tantos hermanos que lo están pasando mal.
Sin duda que una hermandad es más que los pasos que saca a la calle pero, de lo que estoy seguro es que esa divina gente que va debajo de ellos tienen poderosas razones para hacerlo que sólo Dios y ellos conocen.
Quizás nosotros, que tratamos de velar por llevar el mensaje de Cristo a todos los hermanos, debamos valorar en justicia a esta juventud que está ávida de fe y que busca a Dios con todas sus fuerzas.
Quizás nosotros,  levitas y fariseos en muchas facetas de nuestra vida,  debamos recordar a ese Samaritano que se comportó como un verdadero prójimo cuando llegó la hora de la verdad.
Quizás nosotros, debamos acercar la hermandad a ese espíritu que los está guiando en este momento porque, al fin y al cabo,  Cristo y María  los han elegido para que les den la mejor chicotá de sus vidas.

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