La Navidad es tiempo de compartir, de confraternizar, de perdonar, de recordar…
Cuando yo era niño el pistoletazo a estas fechas venía dado por la celebración del Sorteo de Navidad de la Lotería Nacional y las vacaciones escolares. Poco a poco esta fecha fue adelantándose hasta que la festividad que conmemora los sucesivos aniversarios de nuestra Constitución del 78 permitió formar, junto al Día de la Inmaculada y según el calendario, el mayor “puente festivo” de todo el año.
Este año y gracias a la mercantilización y comercialización de nuestra sociedad hemos conseguido que, tras unos años de transición, este adoptado “Black Friday” sea entendido por la mayoría como el inicio de estas fechas navideñas, a pesar de no haber concluido aún el mes de los difuntos. Así, en la mayoría de ciudades, este fin de semana se inaugura el alumbrado extraordinario de nuestras calles, se incita, desde hace ya unos días, a incrementar el consumo bajo dudosos eslóganes de “irrepetibles descuentos y rebajas” y este año, por si fuese poco, comenzamos en Jerez la temporada de Zambombas con unas celebraciones cada vez más desnaturalizadas y desarraigadas, que justificamos sólo bajo el pretexto de un cierto pero inconsistente tirón turístico.
Es verdad que desde hace ya unos años la Navidad ha perdido su sentido original, primero porque hemos arrinconado aquello que supone la base de esta celebración, esto es, su carácter religioso. No debemos de olvidar que en estas fechas conmemoramos el nacimiento, el próximo día 25 de diciembre, de Jesús en Belén de Judea. Y por otro lado porque hemos ido apartando el carácter tradicional de esta festividad, bajo la excusa de una renovación, adaptación o modernización de la misma, surgiendo cosas tan ridículas como las celebraciones paganas del solsticio de invierno o las de la obligatoria instalación de una “pista de hielo” en todas las ciudades que se precien.
Así las cosas, parece necesario reconsiderar algunos planteamiento, e invitar a todos a que volvamos a recuperar la esencia de la Navidad, instando a los ciudadanos de a pie a que celebren el Nacimiento de Jesús conforme a los orígenes.
Pensad que no es obligatorio celebrar la Navidad del Señor si no se cree en Él, que no es obligatorio hacer grandes regalos si la economía familiar o la conciencia de cada uno no se lo permiten y que, entre otras muchas cosas, no es obligatorio llamar “Zambomba Jerezana” a aquello que realmente sólo es una fiesta o un botellón.
Llegado hasta aquí lo único cierto es que este domingo empieza el tiempo de Adviento y que si lo vivimos con intensidad estaremos más cerca de celebrar con verdadero sentido el Nacimiento de Jesús. Es muy fácil…, podéis empezar por montar el belén, escribir la carta a los Reyes Magos, comprar, antes del día 22, al menos una participación de la lotería y probar el turrón y los polvorones pero, sobre todo, no se os olvide preparar vuestro corazón y llenarlo de alegría y buenas obras.