Jerez de la Frontera, 15 de enero de 1927.
– Que frío, por Dios- dijo el Tesorero, Juan Manuel Santaella.
– ¿Para qué nos habrá reunido el párroco precisamente hoy? – preguntó el Mayordomo, Salvador Rivero.
– En un momento sabremos de ello – apuntó el Secretario, Luis Liaño, entrando con el característico libro de actas en la sala parroquial de la Iglesia de San Mateo.
Minutos antes de las ocho de la tarde, hizo presencia en la sala Don José González Marín, párroco de San Mateo. Todos los presentes se levantaron y esperaron a que tomara asiento presidiendo la sala. Una vez colocados todos, comenzó la reunión del cabildo de oficiales en la que el Secretario hizo lectura del acta anterior aprobada por todos los presentes.
-Bien Don José ¿De que se trata la reunión que ha convocado con tanta premura? – preguntó el Hermano Mayor, Vicente López.
– Señores les he reunido por un asunto que me ronda desde hace ya varias semanas- expuso Don José- Se trata del misterio de la Asunción a los cielos de María Santísima, como sabrán ustedes María no padeció muerte alguna, sino que quedó en un profundo sueño y su cuerpo incorrupto transitó a los cielos, así como ser Mediadora de todas las Gracias Universales por ser elegida para engendrar a Dios nuestro Señor. Es por ello que, sería mi deseo que la Hermandad realizara el Voto de defender tal misterio de la Asunción.
Todos los presentes no supieron expresar lo que se les pasaba por la cabeza con dicha proposición, eran conscientes que en Roma no se había hablado de proclamar ningún Dogma desde que en 1854 se proclamase la Pura Concepción de María. Tras una serie de vacilaciones se aprobó por unanimidad realizar dicho Voto conmemorativo, se fijó la fecha del día 3 de abril del dicho año 1927, Domingo de Pasión.
-Realizaremos una insignia para conmemorar tal efeméride- apuntó Vicente- formaremos una comisión para que se lleve a tal fin, usted Don José ya que ha sido el promotor estará dentro de ella. Y también te necesitaremos a ti Juan.
-Con mucho gusto trabajaré- añadió Don José.
-Agradecido- dijo el vocal Juan López de Meneses- tal vez se pueden encargar de las labores las Hermanas Carmelitas de la Caridad.
Aprobada la comisión y la realización de la insignia, comenzaba la cuenta atrás para uno de los días más importantes en la historia de esta Hermandad.

Jerez de la Frontera, 22 de marzo de 1927.
-Ayer visitamos el convento de las Hermanas Carmelitas y los trabajos marchan satisfactoriamente- Dijo Juan.
-En efecto, si Dios quiere estará más que listo para la fecha del Voto- añadió Don José.
-Me alegro de las buenas nuevas y de que todo marche sin incidencia alguna- apostó Vicente- El próximo Domingo de Pasión la Iglesia de San Mateo ha de estar reluciente para acoger tal acto.
-Es por ello por lo que creo que María Santísima del Desconsuelo ha de presidir el Altar Mayor- propuso Salvador.
Todos estuvieron de acuerdo con las proposiciones dichas en la reunión. Ansiaban que llegara el Domingo de Pasión.

Jerez de la Frontera, 3 de abril de 1927, Domingo de Pasión.

La Iglesia de San Mateo se encontraba a rebosar de gente, no cabía ni un alfiler en la nave central de la antigua Iglesia. María Santísima del Desconsuelo, ataviada con sus mejores galas presidía el altar mayor justo debajo de la imponente imagen de la Inmaculada.
Comenzó la Solemne Eucaristía puntual a las 12 de la tarde, ocupando la catedral Don José González Marín como párroco de San Mateo. Al comienzo se bendijo la insignia conmemorativa de dicho día en la que dice “La primera que hizo esto de defender el misterio de la Asunción Corporal y Mediación Universal de Nuestra Señora. Xerez 3 de abril de 1927. Mediatrix Omnium Gratiarum” En el ofertorio de la Eucaristía el Secretario Luis Liaño subió al desaparecido púlpito y comenzó a leer el juramento del voto:
“Ave María Purísima- Serenísima Emperatriz de los Cielos y Tierra, María, Madre de Dios y Madre de los hombres:
Postrados humildemente a vuestros pies y agradecidos a los innumerables favores que nos habéis dispensado, los cuales atribuimos muy especialmente a la devoción que, como fieles hijos, os profesamos ; nosotros ( el Prioste, Hermano Mayor, Tesorero, Secretario, Consiliarios, Diputados y demás oficiales e individuos de uno y otro ser que componen la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima del Desconsuelo juntos y congregados en este día) siguiendo la tradición ofrecida de nuestros mayores, y gozosos por ver proclamado como dogma de fe el dulcísimo misterio de vuestra Concepción sin mancha; confesamos, solemnemente, que fuisteis preservada de culpa original, en el primer instante de vuestro ser por los merecimientos de Jesucristo, vuestro Hijo, previsto desde la eternidad; y, poniendo a Dios por testigo, prometemos y juramos que sostendremos esta verdad, hasta la muerte, y la defenderemos, si fuere preciso, con la sangre de nuestras venas.
Más si la aurora de nuestra vida, Oh Señora, es tan feliz, no menos rodeado de luz y de alegría fue para voz, y es para nosotros, nuestro ocaso. Nosotros “…” y “…” que vuestro cuerpo virginal, después de pagar los tributos a la muerte, como lo pagó vuestro divino Hijo, a semejanza también suya, resucitó gloriosa, para nunca más morir, y que este privilegio es natural complemento de aquella gracia primera, a Vos Sola concedida en vuestra Concepción, y lógica consecuencia del inefable y divino misterio de vuestra Maternidad. Por lo cual, deseosos de proclamar esta fe nuestra, de defender el misterio de Vuestra Asunción a los Cielos en cuerpo y alma, proclamando que, así como fuisteis exenta del contagio de la culpa, igualmente quedasteis inmune de la corrupción del sepulcro.
Por último, contemplándoos en vuestro excelso tránsito a vuestro divino Hijo, quien nombró en el Calvario madre nuestra, para que, en la economía de la gracia fuereis, mientras dure su Iglesia, celestial tesorera y dispensadora de todas ellas, quedando Vos asociada, por este medio a la obra inefable de la Redención del Mundo; también hoy os aclamamos Mediadora Universal de todas las Gracias, y hacemos así mismo formal y público juramento de defender este excelentísimo privilegio, lleno, para Vos, de gloria, y para nosotros, de dulcísimas y firmísimas esperanzas.
Así mismo os prometemos Madre y Señora nuestra, que no será recibida en nuestra Hermandad persona alguna que cuantas no hagan voto de defender estos misterios.
De esta suerte, Oh Soberana Reina, hacemos en presencia de Jesucristo Sacramentado y de todos los presentes este noble voto: Así lo prometemos, así lo juramos, así Dios nos ayude, y estos Santos Evangelios.
Aceptad Vos, Oh María, la ofrenda de nuestro amor celoso siempre de defender vuestro honor. Recibid hoy por vuestra, y proteged con maternal cariño a esta Hermandad “…” siempre os ha tenido, y tendrá, por Reina, Madre y Señora. Haced que estos hijos vuestros, y cuantos a ella se asociase, sean de verdad soldados militantes de la Santa Iglesia, santamente orgullosos de la fe que profesaron en el bautismo, dispuestos siempre a defender las causas de Jesucristo a quién por Vos, Oh Madre Santísima del Desconsuelo, sea gloriosa y advocación por los siglos de los siglos. Amén”
Tras la formula recitada, uno a uno fueron pasando los hermanos delante de los Santos Evangelios para así jurar y defender los misterios de la Santísima Madre.

Nota: El Dogma de la Asunción corporal a los Cielos de la Santísima Virgen fue proclamado por Su Santidad el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950.