Se trata de una talla que atribuida al imaginero sevillano Ignacio López. La crítica argumentaba que tanto la Virgen del Desconsuelo como San Juan Evangelista eran tallas del siglo XVIII, relacionándolas con imagineros tan relevantes como Montañés o La Roldana, habiéndose apuntado también la hipótesis de que se debiera a las gubias de Jacinto Pimentel, pero hoy día la paternidad de estas imágenes aparecen fundada en su atribución segura al sevillano Ignacio López  representando en esta Dolorosa, el dolor letífico de la Madre de Dios, que rompe con sus fuerzas.

La imagen de la Virgen, de candelero, es muy expresiva. Tiene una expresión dialogante, conseguido esto gracias a las manos, que transmiten sensación de vida y movimiento al espectador. Fue restaurada en 1980 por José Guerra Carretero, que según informó tenía múltiples repintes, rastros de lágrimas pegadas varias veces y el rostro casi desprendido de la cabeza.

Las dos mencionadas imágenes fueron bendecidas el día 3 de abril de 1713 (Viernes de Dolores), por el antes mencionado Canónigo de la Iglesia Colegial, Martín Real de Morales, por comisión del provisor.

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