Este verano, entre noticias de inmigrantes tratando de llegar a la tierra soñada, desgracias naturales, guerras olvidadas y víctimas bajo puentes desplomados, nuestro tema de conversación favorito es la manida Carrera Oficial. Para pesar de unos y alegría de otros tantos parece que volvemos al punto de partida. Pero hoy no quiero hablar de Carrera Oficial porque, sinceramente, estoy harto y avergonzado como cofrade y como cristiano de este tema.

Redes sociales, medios de comunicación, tertulias y grupos de chats han sido un hervidero de comentarios malintencionados, descalificaciones personales y abusos que, pretendiendo defender sus derechos han transgredido los de los demás.

Siento un profundo dolor y rabia contenida por el daño que se le hace a tantas personas que, equivocados o no, nos gusten o no, plantean alternativas a problemas por todos reconocidos.

Hoy muchos celebran un éxito que creen haber alcanzado, pero no es suficiente para ellos. Es necesario recurrir a la sorna, a la burla socarrona, al desprecio, a la altanería, a la inmodestia y autobombo para que la satisfacción por el supuesto bien alcanzado sea total. Su ruindad desmerece cualquier gesto de buena intención que llevaren.

No hay vencedores ni vencidos en este envite; todos los cofrades de corazón somos perdedores por haber perdido el norte y el sentido de nuestra inexcusable obligación de ser antes buenos cristianos y dar a ejemplo a los que no lo son de la concordia y del amor fraterno que se nos presupone. Tampoco podemos pedir que la sociedad en general nos respete si no nos respetamos a nosotros mismos ni a nuestros dirigentes en la Iglesia, nos gusten o no.

El año que viene, si Dios quiere, nuestras imágenes titulares volverán a pasar por las mismas calles y verán los mismos palcos y sillas contemplando la Pasión del Señor. No sé si seremos capaces de ponernos de acuerdo alguna vez en encontrar una solución que satisfaga a todos y conjugue todos los intereses que están en juego, porque dos mil años después parecen repetirse las palabras escritas por San Lucas en Los Hechos de los Apóstoles; “Y alborotaron a la multitud y a las autoridades de la ciudad que oían esto. Así que unos gritaban una cosa y otros otra y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido”

No creo equivocarme si afirmo que al protagonista principal de la Semana Santa le da exactamente igual por dónde vayamos a la Catedral. Su verdadera carrera oficial transcurrió por la Vía Dolorosa que lo llevó a morir en la cruz por tanta gente que no entendía nada de lo que estaba haciendo y que hoy tampoco entiende. Porque no sabemos realmente cuál es nuestro papel en una sociedad que nos necesita todos los días del año, pasemos por donde pasemos. Él tenía claro cuál era su CARRERA OFICIAL. ¿Lo tenemos nosotros?

Francisco José Zurita Martín

Hermano Mayor de la Hermandad del Desconsuelo