Las Cofradías para encontrar a Dios

«La religiosidad popular es un espacio de encuentro con Jesucristo y una entrañable devoción a la Virgen». «La piedad popular es una manera legítima de vivir la fe cristiana». «No podemos devaluar la religiosidad popular o considerarla secundaria». Éstas son algunas de las reflexiones del papa Francisco sobre las hermandades y cofradías, suscritas  por el cardenal Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla. Invitado por la Hermandad de la Paz al Foro Nuestro Padre Jesús de la Victoria, impulsado hace seis años por el propio prelado, Amigo Vallejo disertó sobre El Papa Francisco y la religiosidad popular en el abarrotado salón de actos del Círculo de Labradores.En una brillante intervención, el cardenal repasó sus vivencias durante su etapa sevillana, demostró su absoluto conocimiento de la Semana Santa, relacionó los mensajes de Francisco con las hermandades, apuntó qué define y cómo deben ser las cofradías, e incluso intercambió algún guiño con los asistentes. 

Amigo Vallejo definió la religiosidad popular, y por tanto a las hermandades, como una unión entre «lo más íntimo de cada uno y su relación con Dios en el que la imagen hace de vínculo». Su pilar fundamental es la fe. Tampoco se entendería sin la familia. «Mi abuelo, que me llevaba a ver la Borriquita. O los novios que van a entregarle el ramo a la Virgen «. No se concibe sin la cultura y está unida al pueblo. «La Paz tan vinculada al Porvenir, o la Hiniesta a Castillo Lastrucci… también podríamos contar nosotros alguna de nuestras historias, Adolfo». Guiño al ex presidente del Consejo, Adolfo Arenas, presente en el auditorio. Otro aspecto fundamental que define a las hermandades es el ejercicio de la caridad. Un inspirado Amigo Vallejo se imaginó el encargo de un llamador por parte de una hermandad y cómo tiene lugar todo el proceso hasta que se presenta. «La misma hermandad hace unas obras de caridad extraordinarias y no se entera nadie. De los pobres no se presume. Se les ayuda». 

Cada hermandad, cada municipio, tiene una manera de entender la religiosidad popular, tan influenciada por su cultura. «Igual que en Salteras es imprescindible la devoción a la Virgen de la Oliva, también lo son las bandas del Carmen y la Oliva». Cada cofradía tiene sus propias señas, su manera de ser que la identifica. «Se nota en todo. En el sentido de pertenencia. No sólo es estar inscrito. Cada una tiene su estilo y sus formas. Los nombres de las hermandades son apellidos de una identidad de ser cristiano. Él es del Amor. De la Paz. De la Macarena». 

De vuelta al Papa Francisco, el cardenal puso de manifiesto cómo sabe hablar con pocas palabras de los problemas importantes. «Cuando fue a Lampedusa y vio la situación de los inmigrantes dijo: ‘Esto es una vergüenza». Apeló a su lenguaje sencillo, claro y directo, a sus expresiones familiares. «¿No es esto popular y religioso?». 

El purpurado se imaginó para terminar una hipotética visita del Papa a Sevilla. Le entregó la vara dorada de cada hermandad. Lo puso a presidir la procesión y recreó lo que le diría a cada hermandad del Domingo de Ramos. Dos ejemplos. A Jesús Despojado: «Nadie puede quedar despojado. Si no tiene vestido desnúdate tú para vestir a pobre». A la Paz: «En el corazón de todo hombre hay un deseo de paz y fraternidad». Aseguró que Papa Francisco era un «gran hermano mayor, un buen capataz», y resumió, para que que no se le olvidara a los asistentes, qué es (o debe ser) una cofradía: «Es una forma de vivir en Cristo. De seguir a Jesucristo. De estar en la Iglesia. De sentir el calor de la familia. Es un espíritu, una vida, una fe, un patrimonio espiritual y cultural». 

Lo dijo el cardenal. Y así también lo piensa el Papa.

 

DIARIO DE SEVILLA