Un año más, nuestra hermandad ha celebrado su tradicional septenario en honor de sus sagrados Titulares.
En nombre de mi Junta de Gobierno y en el mío propio, quiero manifestar nuestra profunda satisfacción y agradecimiento a cuantas personas han participado y colaborado para que estos siete días hayan resultado tan especialmente entrañables para nosotros.
Quiero agradecer a Eugenia y al resto del coro su participación musical el primer día, dedicado a los más jóvenes. Su cariño se dejó sentir en cada canción y brilló como el sol de ese domingo. A la coral San Dionisio Areopagita que, un año más, nos acompañó con sus voces.
A nuestros jóvenes que, con su perfecta organización de los actos del domingo, nos dieron ejemplo a los mayores de generosidad, entrega y cariño a su hermandad y nos colma de alegría al saber que el futuro de nuestra corporación está asegurado.
Al grupo de acólitos, a nuestro hermano y sacristán Antonio, a todas esas personas que se afanan por mantener el templo en perfecto estado y a todos aquellos que participaron en cada detalle de las celebraciones.
A mi Junta de Gobierno, especialmente a ese equipo de mayordomía que con tanto esfuerzo ha levantado un magnífico altar para nuestros titulares.
A Manolo Oca, que día tras días, abre las puertas del bar y de su corazón para que compartamos unos ratos de convivencia y fraternidad en nuestra casa de hermandad. A todos los hermanos y asistentes por su comportamiento ejemplar y que han llenado las bancas de San Mateo cada uno de los siete días del septenario.
Y de forma muy especial quiero expresar nuestro más profundo agradecimiento al padre redentorista Jorge Ambel por el cariño y entusiasmo cristiano que ha derrochado en cada una de sus homilías. Sin duda, sus palabras han calado hondo en nuestros corazones y nos han ayudado a perseverar en la búsqueda de Dios. Estoy convencido de que él también ha disfrutado comprobando cómo hemos recibido sus palabras.
Que el Señor de las Penas os bendiga a todos y que María Santísima del Desconsuelo os acompañe en vuestro peregrinar por esta vida de hermandad.

EL HERMANO MAYOR